Tag Archive for 'colonizacion'

12
Feb

El Indio y la Colonia. CII.1

El Sauce y la instalación de la Colonia EsperanzaContinue reading ‘El Indio y la Colonia. CII.1′

06
Feb

jesuitas SL

Noticia irrelevante sobre second life, otra empresa absurda y como tal perfectamente lógica.

microcolonización de los signos.

“una horda cualquiera de rubios animales de presa, una raza de conquistadores y señores, que organizados para la guerra, y dotados de la fuerza de organizar, colocan sin escrúpulo algunos sus terribles zarpas sobre una población tal vez infinitamente superior en número, pero todavía informe..”  [Nietzsche . Genealogía de la moral, II, 17]

Ya no llegarán como el rayo, reflejo moribundo.

La noticia fecha Lunes 30 de julio de 2007, Diario La Razón.
Es de notar, que si uno intenta hacer una búsqueda dentro de la web de este diario, obtiene solo resultados de Diario Clarín.

Urstatt.

 

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Los jesuitas italianos analizan enviar misioneros internautas para evangelizar a los cerca de 8 millones de personas que residen en el mundo virtual de tres dimensiones llamado Second Life (Segunda Vida) de internet. La osada propuesta fue hecha por un sacerdote y será publicada en la revista de la congregación católica Civiltá Cattolica, que está siendo examinada en el Vaticano.

 

Para el sacerdote jesuita Antonio Spadaro, autor del artículo, “hay espacio para Dios en la realidad virtual. En Second Life existen grupos y lugares de carácter religioso y espiritual”. Ese mundo, según el jesuita, en el que sus residentes tienen la oportunidad de reinventarse y vivir una segunda vida, así como adquirir residencias y hasta construir mansiones o catedrales, es una “tierra de misión”.

 

“Los espacios espirituales se ampliaron y algunos advierten la necesidad de crear lugares para orar, así como conventos y monasterios para meditar”, sostiene Spadaro. La idea fue lanzada tras comprobar que el fenómeno se está expandiendo, sobre todo entre los jóvenes. La propuesta es bien vista en el Vaticano, que considera la creación de un misionero internauta un desafío para la propia Iglesia.

 

link

 

 

02
Feb

¡Nos quedamos sin esclavos!

1853: La Santa Fe colonial:

¡Nos quedamos sin esclavos!

Lina Beck-Bernard

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01
Feb

Manuel Cervera

Manuel Cervera

 

El Dr. Manuel Cervera

Aunque nacido en Dolores, provincia de Buenos Aires (1° de enero de 1863), el doctor Manuel M. Cervera ha sido indudablemente el historiador santafesino por antonomasia.

Superando la crónica trivial, la biografía familiar o los trabajos fundamentados esencialmente en la tradición, Manuel Cervera encara el estudio de la historia con un criterio científico e integral, ubicando la historia de Santa Fe, su provincia de adopción, dentro del contexto económico y sociopolítico de la época, analizando desde los años de la Conquista hasta los albores de nuestra Organización Nacional, hombres, instituciones y acontecimientos con un riguroso método histórico. En su «Historia de la ciudad y provincia de Santa Fe., su obra cumbre, examina año por año los intrincados períodos históricos desde sus orígenes, sin olvidar detalles. El bagaje documental que aporta en sus obras es agobiante por su voluminosidad; y tal ha sido su contribución en este aspecto que, difícilmente se pueda intentar alguna investigación que no encuentre en su repertorio o en sus citas alguna referencia o fuente.

Además de la obra citada, cabe recordar a su trabajo sobre «La fundación de Esperanza», «Poblaciones y curatos., «Francisco Antonio Candioti”, «Ubicación de la ciudad de Santa Fe fundada por Garay» y un sinnúmero de investigaciones publicadas en revistas de la especialidad.

 

Relevamiento Patrimonial de la Provincia de Santa Fe

 

Este antiguo revolucionario, juez de la corte santafesina y fundador de la Junta Provincial de Estudios Históricos, se remite al desalojo de los moros de territorio español para justificar la conquista y sus métodos en territorio americano. “Para las reformas a establecerse, para el predominio de un poder regulador, la única ley era la espada, la única razón la fuerza, los medios la intriga y la falsía en todas las naciones europeas; y el espíritu de los españoles soldados educados en esta escuela y ejemplo, no iba a detenerse ante indios engañosos, volubles y descontentadizos (…). Si a los vencidos enemigos de contraria religión, en Europa, se les marcaba a fuego y servían como esclavos, cuando no disminuía su número en matanzas continuas; si a los vencidos de la misma religión destruían, dañaban o maltrataban ferozmente ¿cómo debían haber procedido en este nuevo lejano país?”

 

Cintia Mignone en Historia Colaterales

 

 

01
Feb

Patio Andalucía-Santa Fe

 

Espacio-Patio en Córdoba de Andalucía
y en Santa Fe de la Vera Cruz

 

Rubén Osvaldo Chiappero

original aquí 

La arquitectura es un arte singular porque su esencia es el espacio y en él, la integración de la percepción de la persona en relación a aquello que lo rodea junto con los impulsos materiales y espirituales de sociedades a la cual pertenece, permite encontrar resultantes genuinas superadoras de las barreras temporales y geográficas.

El espacio resultante en Hispanoamérica de la fusión de culturas permite reconocer en el patio de las casonas virreinales la peculiar proximidad de Andalucía con estas provincias de ultramar. Así, en originales expresiones arquitectónicas y urbanas, se verifican raíces plenamente legibles de la espacialidad surgida en el maridaje ibérico y semita.

De este modo, el aporte de la cultura islámica centrada y difundida desde Córdoba -capital del Califato y cuna de ilustres mentes de todos los tiempos como Séneca, Lucano, Averroes, Maimónides, Góngora y tantísimos otros-, otorgó a esta ciudad el mérito de ser el mayor puente de cultura y civilización entre Oriente y Occidente durante la Edad Media, desde el al-Andalus y desde Córdoba, se transmitieron a Europa continental las ciencias, las artes y las letras en cantidad y calidad sin parangón.

Es importante recordar que el mérito inicial de esta epopeya cultural corresponde al Emir Abd-al-Rahamán I quien mediado el siglo VIII escapa de Siria a la caída del poder de su familia para recalar en al-Andalus y asumir el control de Córdoba. Bajo su impulso, la ciudad se transformó en otra Damasco, de gran cultura e influencia. Se construyeron edificios a la usanza del Medio Oriente y la Mezquita Mayor, se importaron muchas especies vegetales exóticas para ese tiempo en la península ibérica y se promovió el aprendizaje y se estimularon las diversas manifestaciones culturales. Para el siglo X, Córdoba contaba con una extraordinaria población que superaba el millón de habitantes, sin contar con las decenas de poblados asentados en la fértil vega del Guadalquivir.

Una idea de la magnitud urbana de Córdoba en el período islámico la da el hecho de poder contabilizar “1.600 mezquitas, 900 baños público, 213.077 hogares para la población en general, 60.300 mansiones para gentes importantes, …y 80.455 tiendas”. (1)

En la transformación de la cultura y la vida cordobesa, la arquitectura islámica fue un factor esencial. Utilizando piedras, ladrillo y adobe, principalmente, las casas con patio se popularizaron por su adecuación climática, por su belleza visual y por su adaptabilidad funcional reflejando la simplicidad tradicional del ambiente urbano musulmán.

La típica casa cordobesa es simple en su apariencia general asomando sobre las callejas muros blancos perforados por un gran portalón y pocas ventanas. Atravesando esa barrera, un pequeño espacio coloreado con cerámicas colocadas a manera de un zócalo de hasta metro y medio de altura antecede a una cancela de hierro forjado y pintada de negro que separa el portal del patio interior de casa. Secuencia espacial propia de la arquitectura islámica en la cual, la fragmentación es el motivo recurrente y característico.

Ya en el patio, rodeado de galerías en uno o dos lados, la vegetación muestra en todas las estaciones del año la suntuosidad vegetal de las plantas aromáticas, de los cítricos y granados, de las flores en los tiestos, todo arrullado por la siempre presente fuente de agua cantarina. El pavimento de piedra, la sombra del parral y el cielo en íntimo contacto con los moradores, resume el alma del patio andaluz en una realidad sensorial impresionante.

“El patio es un espacio de paz y reposo, lleno de brillo y privacidad. El alma humana se alivia aquí, y los sentidos están en armonía con la tranquilidad que prevalece en este humilde espacio. El estilo de las casas genera un sentido de equilibrio y calma, raramente encontrado en el mismo grado en otros estilos como un sentido de equilibrio esencial en cualquier comunidad y todos los hogares; y una vez que es encontrado es inmediatamente sentido. Esto es uno de los secretos detrás del natural atractivo de los patios de Córdoba”. (2)

En América, la expansión del sumario andaluz se mantuvo con un rigor incomprensible para la cronología peninsular pues resistió centurias luego de su declinación en épocas renacentistas. La organización en torno a la centralidad de patios sucesivos relacionando el dentro y el fuera mediante directrices quebradas, las superficies tendientes al cuadrado y la sutil presencia del hombre en la escala y proporción, son puntos vitales en la analogía espacial mediterránea y virreinal. Primariamente, obtenemos la continuidad de las propuestas nuevas con la imagen intelectiva que el hispano trasladó a este suelo; comprobamos que zaguanes y patios -con pórticos, a veces- se multiplicaron en toda la extensión americana reeditando en la síntesis mestiza los acentos y la sabiduría de la arquitectura popular española.

Podemos afirmar que aquellos caracteres se fijaron naturalmente en esta Santa Fe de la Vera Cruz, presentes todavía en los poquísimos patios sobrevivientes en el antiguo casco de la población, hoy llamado Barrio Sur. (3)

La severidad geométrica de la traza cuadricular fue en Santa Fe soporte sobre el cual deseó transferir la particular euritmia de las moradas andaluzas. Y como en éstas, el equilibrio fenoménico de los diversos órdenes internos instaurados en torno al patio, incorporó en viviendas y conventos el cielo de constelaciones extrañas.

El patio santafesino, orden formal primario de un todo, es la integración de la trama espacial del significante familiar, la transición de la complejidad urbana a la mismidad interior. Memoria vívida del santuario doméstico en al-Andaluz, generador del omphalos de la casa criolla, el patio mostró a los viajeros la subsistencia del patrón espacial hispanomusulmán y la dignidad del espíritu hispanoamericano.

A mediados del siglo XIX, Lina Beck Bernard (4) escribía: “La casa que ocupamos es muy amplia y dispuesta al modo oriental como lo son las casas antiguas de este país, que conserva los usos y costumbres de Andalucía. Tiene pocas aberturas hacia el exterior y más puertas que ventanas. La entrada principal o zaguán conduce al primer patio, a cuyo alrededor se abren las puertas y ventanas de nuestras habitaciones. Un hermoso parral…da sombra muy grata sobre las baldosas rojas del patio”. Luego, aportó: “las escenas en los patios de las casas vecinas forman la parte más original del cuadro. De un aljibe, que ocupa el centro de un patio, sacan agua y llenan sus tinajas algunas mozas pardas y mulatas…En el patio más próximo varios niños juegan bajo los naranjos y hacen caer las frutas doradas que cuelgan de las ramas con profusión. Algo más lejos, una criolla muy elegante…adereza sus abundantes cabellos con gracias muy española”. Y reforzando la estampa hispánica, agregó: “Las mujeres…son todas muy aficionadas a las plantas y a las flores que cultivan en jardines donde entre los naranjos y laureles, limoneros y árboles exóticos lucen magníficas rosas y soberbios claveles”.

En la amena y didáctica descripción la referencia al pasado es naturalmente asumida. La ligazón a las formas hispánicas en continuidad sin pesadumbres posibilita que hoy descubramos los patios cordobeses con una familiaridad emocionante; pues más allá de la geometría pragmática, la ausencia de filigranas y azulejos, del menguado impacto sensitivo, el patio santafesino reescribió lo fenoménico del patio cordobés que tras las cerradas puertas en tiempos de los árabes estalló en frescuras vegetales, chispeantes aguas y multicolores alicatados. Las perspectivas interrumpidas, la sujeta obligación del movimiento para captar el espacio, la realidad sensitiva de los agentes contextuales indican el aquí y ahora de las invariantes -parafraseando a Chueca Goitia- cordobesas en el artefacto santafesino.

La esencia del espacio, por encima de la apariencia bella, fue lo que se afianzó en la conciencia arquitectónica santafesina. Una lección inolvidable en las poco ingenuas -¿cínicas, quizá?- condiciones actuales.

 

BIBLIOGRAFÍA

1- CHEJNER, Anwar. “Historia de España musulmana”. Cátedra, Madrid, 1980.

 

2- TARIK, A. K. “Los patios de Córdoba”. Córdoba, Centro Arábigo-Cordobés. “Ibn Hazm”, 1983.

 

3- Santa Fe se fundó el domingo 15 de noviembre de 1573 en un paraje habitado por aborígenes calchines y mocoretaes, sobre la margen oeste de un brazo del río Paraná, llamado río San Javier. Trasladada en 1650 desde el sitio en que la fundó el vizcaíno Juan de Garay, la ciudad recomenzó el lento crecimiento con ciclos de pobreza y ventura y una morfología de sustrato islámico se visualizó en encalados muros de tapia, zapatas con roleos sobre pies derechos en las galerías, balcones volados y en la techumbre de par y nudillo de la iglesia franciscana.

 

4- LINA BECK BERNARD. Escritora francesa (alsaciana); vivió en Santa Fe desde 1857 hasta 1862, acompañando a su esposo Carlos Beck quien llegó a la provincia de Santa Fe en empresa de colonización.

01
Feb

El Indio y la Colonia. CII.2a

 

 

 

 

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28
Ene

Abipones

Extractos de la Historia de los Abipones II
de S. J. Martín Dobrizhoffer

 

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26
Ene

El Indio y la Colonia. CII.2b

 

 

 

 

Para los habitantes de Santa Fe tanto el indio reducido como el montaraz podían ser observados en sus calles o en las estancias vecinas y sus alrededores después de mediado del siglo XIX, si que esto constituyera un hecho excepcional y sin que alarmara a la ciudad. (13)1 Descontando que “La Estanzuela” donde fueron albergados los inmigrantes antes de su traslado a la colonia podían haber peones indios, o soldados indígenas pertenecientes a la Comandancia de la Frontera Norte que allí tuvo asiento, colonos esperancinos viajaban constantemente a la ciudad de Santa Fe -constancias de 1857- ppor lo cual puede deducirse que no sólo Lina Beck Bernard pudo ser testigo, entre los extranjeros, de las escenas descriptas. Es decir, que el indio, para los primeros inmigrantes colonizadores, no era un ser desconocido que habitaba lejos de donde ellos trabajaban las tierras, como tampoco podían ignorar que los montaraces estaban bajo la vigilancia de fuerzas armadas en fortines y cantones, uno de los cuales, el “Iriondo”, permaneció hasta 1864 ubicado entre el río Salado y el límite norte de la colonia.

 

Tan frecuente era hallar indios - sin riesgos para las personas-
a unas horas de galope desde la ciudad de Santa Fe,
que Lina Beck Bernard dice después de narrar un paseo por el campo
a distancia medida en esa forma hípica, hacia el norte:

 

“El calor es todavía intenso y ante nosotros se extiende una llanura sin árboles.
Mi compañera de paseo empieza a quejarse de la sed. A mano derecha se divisa
la techumbre de una casa.

 

-Si fuéramos allí -me dice- tal vez encontráramos agua.

 

Le hago ver que estamos solas y que es preferible esperar a nuestros
acompañantes. Pero ella no hace caso porque ha visto dos mujeres
sentadas en el suelo y quiere pedirles agua. Tengo que seguirla y en
pocos minutos de galope nos acercamos a las supuestas mujeres,
que al vernos llegar se levantan como movidas por un resorte y
resultan ser unos indios, hechos y derechos. Están armados de boleadoras
y se apoyan en sus lanzas que han recogido del suelo
con la rapidez que les caracteriza.
Mi compañera les pide un poco de agua y ellos
le ofrecen de un pozo que ha quedado en la casa, completamente abandonada”2.

 

“Yo examino entre tanto, el grupo que forman los indios”.
“El semblante severo, salvaje, casi sombrío. Los ojos negros expresan
esa vaga tristeza de los pueblos acostumbrados a las vastas soledades
y que miran sin cesar el horizonte. La boca desdeñosa deja ver
los dientes incomparables; no tienen ni señales de barba ni bigotes;
los cabellos, muy negros y de reflejos azulados, caen duros y lacios como crines.
Hay, en efecto, una mujer entre ellos, pero sólo se distingue de los hombres
en que lleva una falda de paño burdo en lugar de chiripá. Por lo demás,
la misma fisonomía, la misma talla, la misma melancolía soberbia,
en los gestos, en la mirada, en las actitudes. Estos rasgos parecen propios
de los pueblos destinados a morir y que sienten
instintivamente la agonía de su raza”.

 

 

No creo que la señora Beck Bernard haya deducido,
después de haber visto y observado a esos dos indios y una india,
que “estos rasgos” son los propios de un pueblo destinado a desaparecer,
ni que haya comprobado la agonía de una raza
-ella temía acercarse porque estaban solas-
en el breve intervalo enq ue bebía agua,
por el solo hecho de haber tenido ante sus ojos a dos hombres y
a una mujer indígena, disminuída su capacidad de análisis por el temor.
Ella debió tener conocimiento previo de lo que estaba sucediendo
con las tribus de indios del norte de Santa Fe; era suficientemente curiosa e
inteligente -lo demuestra su libro- como para informarse sobre la vida,
costumbres y significación del indio en las llanuras donde su marido,
Carlos beck Bernard, fundara una colonia agrícola con inmigrantes europeos,
iniciando sus trabajos a un año de establecida Esperanza. El tema del indio
preocupaba a los extranjeros residentes, razón de más para que ella
-que pertenecía a una asosiación filantrópica-
haya tenido interés en conocer la realidad en cuanto al indio
en la provincia donde ella viviría durante cinco años
y donde el indio era mentado constantemente.

 

 

Por eso es correcto deducir que cuando escribió
“que sienten instintivamente la agonía de su raza”
no se valió de esa fugaz observación directa,
sino que estaba en conocimiento de las continuas matanzas y
persecución del indio que se venía haciendo desde mucho tiempo atrás,
y sabía que todo ello estaba encaminado a su exterminio y
al total sometimiento de los sobrevivientes. No que su desaparición obedeciera a
una lenta agonía por decadencia física de una raza,
sino por la acción directa de las armas que los mataban.
El testimonio de Lina beck bernard tiene esa significación:
cuando tuvo su encuentro con esos tres indígenas, ya se sabía que el indio
estaba destinado a desaparecer en Santa Fe como consecuencia de
las continuas matanzas, destrucción de familias,
captura y distribución de indias e hijos de ellas entre familias de la ciudad
o de las chacras y estancias. Y este período de exterminio y
también de agrupamiento de indígenas en nuevos y viejos poblados,
desde fuerte Soledad hacia el sur hasta el departamento San Gerónimo
-por tomar un límite-
era el que ya estaba llegando a su término cuando se fundó Esperanza.
Luego vendría el otro, que fue el avance de los fortines hacia el norte de Soledad
en linea de este a noroeste hasta Tostado,
para continuar combatiéndolo y terminándolo,
sin más amparo que los dificultosos intentos de algunos sacerdotes.
Cuando recrudece en el norte la acción armada,
en la llanura colonizada grupos aislados de indios merodean fuera de sus límites
casi siempre con intención de robar hacienda,
pero Esperanza había ya levantado siente cosechas,
estaba definitivamente afirmada como colonia agrícola próspera
y en su centro comenzaba a crecer lo que después sería una ciudad…

 

[El indio y la colonia Esperanza . Gastón Gori . 34,35,36,37]

 

 

 

  1. (13) Dos mensajeros del cacique Bonifacio -cuenta en su informe de 1857 Esteban Rams- fueron enviados por los montaraces a Santa Fe, y en otros documentos consta la recepción de dos mensajeros de caciques mandados a entrevistar a las autoridades provinciales. []
  2. )Lina Beck Bernard . Cinco Años en la Confederación Argentina . 1857-1862 . Traducción de José Luis Busaniche, Ed. El Ateneo, Bs AS 1935, pág. 223-24 []





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