12
Feb
08

El Indio y la Colonia. CII.1

El Sauce y la instalación de la Colonia Esperanza

1._ Es necesario establecer que existían calificados dos tipos de indios -independientemente de su raza: abipón, mocoví, etc.-, los reducidos y los montaraces; calificación que obedecía a situaciones de hecho, maneras de vivir, más que diferencias esenciales de estado de civilización. La acción gubernativa en diversos períodos, facilitaba la agrupación de indios en poblados, y es así como se formaron reducciones o pueblos indígenas como Rincón, Calchines o el Sauce. Los montaraces formaban tribus más o menos numerosas o las llamadas tolderías diseminadas en la zona norte caracterizada por la vegetación montuosa, por ríos y arroyos que les facilitaban el alimento, la caza, la extracción de cueros que luego mercaban. A éstos también se los llamaba indios “alzados” en documentos oficiales, como si hubiesen estado con aterioridad sujetos a un régimen distinto. Vivían sin la relativa sujeción que se ejercía en las reducciones donde se trataba de sedentarizarlos entregándoseles tierra y dirigiéndolos en tareas agrícolas para la subsistencia, generalmente por intermedio de sacerdotes.

Los montaraces vivían sin más dirección que la de sus caciques o sin ella en las correrías hacia el sur en procura de hacienda. Su estado primitivo no les impedía comprender el estado de sus tratativas de paz con el gobierno de Santa Fe, que distinguía a caciques con grados militares… lo que por sí mismo está indicando el conocimiento que de ellos se tenía aunque no estuviesen reducidos, como en el caso del cacique José hecho teniente coronel en 1857, y llevado el despacho a sus tolderías en Monte Aguará, lo que no impidió que se lo aniquilara después.

 

Las diferencias entre indios reducidos y montaraces en cuanto a sus incursiones de robo de hacienda, no eran tantas. Unos y otros a menudo colaboraban en estos hechos o se reincorporaban los indios reducidos a las tolderías de los montaraces cuando se veían amenazados por delitos que cometieran. Estos eran tan numerosos que en Monte Aguará en la expedición de Esteban Rams que remontó en barco el río Salado, hasta cerca de “Los Palos Negros”, fue visitado el campamento por indios e indias montaraces entre los cuales había bautizados y otros lo fueron por el capellán, es decir, que habían recibido con anterioridad asistencia religiosa, ya que le fue negado el bautismo al cacique Bonifacio por carecer de preparación para recibirlo. (7)1

De donde se deduce que no siempre habían sido montaraces sino que readquirieron ese estado después de haber formado parte de poblaciones dirigidas por sacerdotes.

A pesar de esta mezcla frecuente de reducidos que se alzaban y montaraces y de sus vinculaciones con indios reducidos, lo que ha trascendido tradicionalmente en las colonias y especialmente en Esperanza, es el concepto de indio predominando la idea de su estado salvaje, sin discriminación, y por consiguiente sin reparar en las diferencias que separaban a unos de otros en cuanto los reducidos no ponían en peligro a la colonia - salvando ciertos delitos comunes que no eran privativos de ellos- y los montaraces habitaban a grandes distancias de ella hacia el nombre, de donde nunca bajaron en malón contra Esperanza, o vivían hacia el este y al oeste próximos a la provincia de Córdoba o en ella misma, fuera de las fronteras protegidas por los fuertes desde donde se ejercía vigilancia, o desde donde se los perseguía y combatía. Estos indios pertenecían a la raza mocoví, en constantes guerras con los tobas que habitaban en territorio que se extendía desde el Bermejo hacia el norte del Chaco, y según el Padre Constancio Ferrero, odiaban a muerte a los abipones reducidos en 1750 en San Jerónimo del Rey restos de los cuales trajo el Brigadier Estanislao López para poblar el Sauce en 1825.
En cuanto a los mocovíes, que estuvieros reducidos en San Javier, Cayastá, San Pedro e Ispín en el Chaco, no conservaban todos el tipo físico propio de su raza, alternado por sus frecuentes contactos con los españoles primero, y luego por sus relaciones con los criollos. Por las constancias dejadas durante la expedición de Esteban Rams, en Monte Aguará, hemos visto cómo aún existían indios que tenían conocimientos rudimentarios del culto católico, y ello es corroborado por el padre Ferrero al decir que “el culto de los indios se compone de una mezcla de supersticiones paganas y cristianas porque lo poco que aprendieron del cristianismo, ha degenerado en superstición”. (8)2 “Los indios que volvieron al desierto (dispersadas las reducciones jesuíticas) aportaron a sus tribus un cristianismo que la barbarie y la ignorancia transformaron pronto en creencias absurdas”.

En la reducción del Sauce tenían una capilla atendida por frailes franciscanos y si no llevaban una vida regular dentro de la población, pues cooperaban con otras tribus en saqueos de hacienda y se albergaban allí elementos nefastos para la gente de las estancias, hacían una vida proclive a la sedentarización. Era la población indígena más próxima a las tierras donde se fundaría Esperanza.

 

 

[Gastón Gori . El indio y la colonia Esperanza . pag 25/28]

 

 

  1. (7) Extracto del diario de viaje, fechado en Monte Aguará el 3 de Marzo de 1857. Archivo General de la Provincia de Santa Fe. []
  2. (8) Citado por Lina Beck Bernard en su libro Cinco Años en la Confederación Argentina. Traduc. de José Luis Busaniche. Ed. El Ateneo Bs. AS. 1935, pág. 233 []

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