02
Feb
08

¡Nos quedamos sin esclavos!

1853: La Santa Fe colonial:

¡Nos quedamos sin esclavos!

Lina Beck-Bernard

No podían ocultársele al general Urquiza las dificultades que ofrecía la manumisión de los esclavos restantes, y se propuso dar un corte definitivo a la cuestión, perjudicando gravemente a los propietarios. Fue así que ordenó la reunión de todos los esclavos en el Cabildo de Santa Fe, haciendo entregar a cada uno su acta de liberación con un pasaporte que le permitía embarcarse de inmediato en cualesquiera de los navíos anclados en el puerto… Tal medida tuvo el carácter de un “sálvese quien pueda”, general. Dama hubo, propietaria hasta esa mañana de treinta o cuarenta sirvientes, que se vio obligada por la noche a trabajar ella misma en la cocina para prepararse el sustento, y se dio el caso de algún estanciero en cuyas chacras trabajaban hasta cien esclavos, que se encontró solo y abandonado por sus peones, de un momento a otro. En pocas semanas los ganados invadieron los sembrados y arrasaron las plantaciones. Los propietarios abandonaron entonces las estancias y campos cercanos a la ciudad y los indios se aprovecharon para dar buena cuenta de todo. (…)
También se dieron casos (…) de recíprocos sacrificios.
Así, doña Carmelita L… no tenía sino una esclava cuando se produjo la resolución de Urquiza. Esta abandonó a su ama dejándole dos hijos muy pequeños. Para doña Carmelita, señora entrada en años y de salud quebrantada, la madre esclava significaba una ayuda y los pequeños una carga. Sin embargo, se encargó de la crianza de estos últimos, sin una queja, solícitamente, maternalmente, costeando el matenimiento de las criaturas con labores de aguja que hacía vender en la ciudad. Algunos años más tarde, ya vieja (…) fue cuidada con la mayor fidelidad por los dos hijos de la antigua esclava. La muchacha, Melitona, mulata blanca de una rara belleza, trabajaba de planchadora y su hermano de carpintero. Ambos llamaban El Ama a doña Carmelita (…)
Hubo otros esclavos que dejaron a sus amos y volvieron atormentados por los remordimientos algún tiempo después; entre esos arrepentidos se contaban mujeres que reaparecieron en casa de sus antiguos dueños al cabo de cinco o seis años con tres o cuatro rapaces, pidiendo ser reintegradas a la familia y protestando que las habían abandonado sus maridos. (…)
Para la mayoría de las familias, la liberación de los negros ha significado una completa ruina, agravada frecuentemente por la coincidencia de la vejez y las enfermedades. Conocemos varias personas ancianas y de noble ascendencia, que viven recluidas en sus casas antiguas, muy señoriales, pero ruinosas. (…)
Hasta ahora han podido subsistir vendiendo, una tras otra, sus lindas joyas antiguas, pero el día que se desprendan de la última perla y del último brillante para comprar el pan cotidiano, estas gentes, que no han obtenido compensación alguna por los sacrificios exigidos, se encontrarán en la más absoluta miseria.

 

Cinco años en la Confederación Argentina, 1857-1862” de Lina Beck-Bernard, traduc. José Luis Busaniche, edición 1991, Talleres de la Imprenta Legislativa de Santa Fe.

 

fuente: Literatura Santafesina

 

 


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